jueves, 13 de noviembre de 2014

Se me fue la hora.

La mano desnuda el reloj de la muñeca
la jaqueca parece una olla a presión
mientras la templanza de un paracetamol
intenta poner paz en la batalla de mi cuerpo.

La humedad cala los peldaños de mis costillas,
ando esperando el sol para que fragüe una sonrisa
hacer una pausa en el dolor y que tus manos aterricen 
como un avión y frieguen mi cuerpo...
El reloj queda mudo boca abajo en la mesita
y yo boca arriba mitigando la tarde que ya se va.
Se me fue la hora de tanto dolor.