miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Para qué mi suspiro?

Cuando cae la noche
descargo el peso de la vida
de la mía y la de otros.
En el primer camión de la basura
arrojo todo aquello que me da pena
y asco por no ser masticable. 
Arrojo las sombras de las balas
que caen en Gaza, Venezuela
¡eco del terror, del error!
Guerras para que coño tanta guerra
a quién le importa un niño que grita,
que corre que acaba muriendo
¿a ti sí? a mi también...
Me da asco, sigo tragando 
como samwich los diarios 
mañaneros sin apenas saber leer.

Segundo Camión... A este le cargo
el vidrio del dolor, ni el ibuprofeno
mezclado con un chupinazo de ron 
sedan las revoluciones y menos la mía,
enciendo un cigarro
y siento las cenizas caer
a una tierra sin Dios 
en la que dejó un rojo atardecer
que va cayendo de las venas
que su vida atento perder,
transeúnte que ayer mismo
perdió el trabajo de toda la vida
no ha parado de correr ,sin llegar a casa
y veinticuatro horas después
murió de cansancio.

¿Y para qué, para quién?

¡reciclar el qué!

si por mucho que lucha uno
es incapaz de parar el mundo,
su mundo, la propia lucha
la mía la de todos.

No es mentira lo que siento
a pesar de mi sexo y de mi altura
desde mi desierto incompleto
de dunas, de lunas,
de este que aún no ha caído
una sola gota de lagrima
de lastima, en lo imposible
o simplemente de todo aquello
que se puede parar y seguimos 
consintiendo, consistiendo
¿Para que mi suspiro?