lunes, 2 de diciembre de 2013

Cazadora de mi corazón bandido.

Llevo tus licores en la bodega de mi boca,
el añejo de tus ojos tiene más precio que ayer
y el ruido impecable de tus latidos derrumban
con el séptimo gemido mi desbordante frenesí,
ecos que recorren las cuatro esquinas de mi cama.
La franela se pierde, no quiere abrigar este viejo añil
cargado de rosas lanzadas como dardos, acrobatas 
en el aire, posandose delicadamente como el rocío
en la mañana, haciendo diana en el tocador donde
perfilas tus labios y recibes a la noche.

El culo del vaso reposa en tu mano,
 tu pelo curioso para mis dedos es apartado
de tu cara para desvelar los secretos que guardas.
Mientras mi sombra se aparta en la noche
se aleja despavorida, se desvanece en el frio.
Los geraníos regresan a tu blacón incordiando
como siempre el trepar de mi cuerpo en silencio
derechito a la trampa de tu cuerpo como el ratón
al queso... Cazadora incansable de mi corazón bandido
que siempre sabe esperar con velas incienso y vino.