sábado, 19 de octubre de 2013

El gris de la tarde no es tan gris como aparenta.

Me gusta sentir el gris de la tarde
acompañado de tus sonrisas,
del cantar de los árboles 
del vuelo de las hojas
de palmadas de guitarra
de acordes con las venas hinchadas 
mientras tus manos y tus pasos
me enseña con los ojos cegados 
de amor, lo más alto del pueblo...

Todo se hace pequeño desde arriba
menos el amor que es parte de la fauna,
que como águila real  otea libremente 
el contorno de tus pestañas.

Quedó tatuado  tu rime en mi pecho
tu lágrima paseo por mi cuerpo
discretamente hasta que empezó
a llover,  camuflándose entre las gotas...

Me sobró inteligencia para desvelar
tus sentimientos, aunque te bese con