miércoles, 6 de febrero de 2013

Al jesus Nazareno de Cartagena


















Una vez más me inclino de rodillas
ante su imagen, avergonzado,cargado
de pecado y una fe que rompió las cadenas
de un presidio que habita en mí, te suplico perdón...

He tapiado mis ojos para no derramar
más lágrimas y volví a errar, llora mi 
corazón, desolado por tanto pecado reiterado.

En el aire de la madrugada de un jueves santo
Cartagenero, sus calles se visten de morado.

Ecos de saetas y de salves, tras de él y de los porta pasos
que te alzan. Un manto de lágrimas descalzas, 
 suplicas de promesas le acompañan...

Rozo tu pelo y la túnica, entre el tumulto 
de las gentes, gritando por dentro mi sufrimiento
te reclama, el perdón para no abrasarme en el
último juicio y  pongo tu nombre en mis labios.

¡Cristo de los pescadores!
¡Jesús  Nazareno!

Desde la vieja pescadería, hasta Santa María 
portas a hombros tu cruz, pecado de todos.
Yo con las rodillas pegadas aún al suelo
 que va desgarrando a la mañana,
que viene al mundo más limpia 
que mi corazón, te suplica perdón.